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El envase (packaging) de un determinado producto representa el rostro de la marca, convirtiéndose en una poderosa herramienta de ventas, por lo que este elemento visual de comunicación debe tratarse cuidadosamente en el programa de diseño de la empresa.
El propio envase tiene que ser capaz de transmitir por si mismo la personalidad de la marca, su posicionamiento en los lugares de venta y los beneficios que el producto contiene. Dichos mensajes tienen que conseguir que el consumidor se fidelice con el producto y conseguir un vínculo emocional, consiguiendo unas ventas continuadas.
Por regla general el diseño gráfico de un envase deberá cumplir tres exigencias fundamentales:
1) El envase debe responder a las convenciones prevalecientes en un mercado concreto.
2) El envase debe estar subordinado a la identidad visual del resto de la empresa, formando parte de la familia de otros productos.
3) El envase debe individualizar el producto tanto frente a productos similares de otras marcas como frente a otros productos de la misma compañía.
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